Retazos 71 a 80

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Retazo 71

Uno de los bebés ríe cuando le hacen cosquillas. El otro, por el contrario, se enoja; en todo lo demás reaccionan igual. Sin proponérselo, los padres descubrieron este test casero para identificar rápidamente a sus bebés gemelos.

Retazo 72

Creó hermosos cuentos sin ser escritora; era una princesa: se llamaba Sheherazade.

Retazo 73

Ella está feliz, va de un lado a otro mostrando su elegancia; se sabe hermosa. Ella vive con intensidad; sabe que sus horas están contadas, que es una simple mariposa.

Retazo 74

En la vidriera de la agencia vio su número. Al lado, en grandes caracteres decía: ESTE NUMERO ES EL GANADOR DEL PREMIO MAYOR. Temblando de emoción se dirigió a su trabajo y presentó su renuncia, no sin antes haber descalificado e insultado a su ex jefe. Más calmado, regresó a la agencia y allí se dio cuenta que había confundido el 8 con el 3.

Retazo 75

Logró “trepar” hasta el primer puesto con un golpe de suerte y algo de casualidad. Su responsabilidad era mucho mayor que su saber. Frente al primer desastre, sin vacilar, renunció, no solo a su cargo, también a su vida.

Retazo 76

En su fuga desesperada llegó a un paraje desolado; allí, vencido por la sed y el cansancio se desplomó y en una especie de ensoñación vio ante sí dos caminos: uno, conducía a la libertad y el otro a la muerte.
El temor a morir lo obligó a continuar la marcha pero no hacia la libertad: decidió entregarse.

Retazo 77

Colocó todos sus libros en bolsas de plástico. A partir de allí, el camino se bifurcaba: los libros irían a una biblioteca circulante y ella, a un geriátrico.

Retazo 78

Las palabras de él seguían resonando en sus oídos mientras guardaba en el lugar más oscuro del placard sus sueños y su mantilla blanca de encaje; le pareció volver a escuchar: -No te quiero más-.

Retazo 79

Forman una pareja seductora cuando bailan al son de una bella melodía; pequeños y frágiles, viven en una cajita de música.

Retazo 80

Salió de su escondite con sigilo, faltaba poco para que le acercaran su ración y cuando ésta llegó, comió con voracidad. Se despidieron cada uno en su propio idioma: ella con un – Hasta mañana mi amor-, él con un maullido.