Pesaj Sameaj

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Estamos atravesando la Festividad de las Preguntas y el Diálogo Significativo.

La Festividad que evoca los albores de nuestra experiencia como pueblo.

¿Cuál es el significado de que justamente nos constituyéramos como pueblo en la tierra extranjera donde fuimos esclavizados?

Sin duda la historia nos invita a una perspectiva de humildad y de comprensión del sufrimiento, de apertura al necesitado, de sensibilidad frente al dolor y la injusticia, y la celebración de Pésaj a una idiosincrasia cultural en que la memoria es un componente central.

Junto con ello, se nos enseña que un grupo puede construir una experiencia compartida llena de significado y vitalidad aun en aquellos momentos en que no se encuentra en su propio territorio.

La historia judía es testigo de ello, y en la noche de Pésaj nos hermanamos con personas de otras latitudes (y de otras generaciones) celebrando la misma Festividad de la Libertad.

En el último año fuimos testigos de cuánto se puede construir y crear en conjunto, cada uno desde un territorio distante pero no por ello menos compartido.

Esa experiencia no hace sino reforzar nuestra comprensión de cuál es el “territorio” central de la experiencia judía. Ese “territorio” es la Palabra, el Diálogo Significativo. No en vano los antiguos Midrashim (reflexiones y parábolas de interpretación bíblica) refieren que en Egipto, los hebreos mantuvieron su identidad gracias a que conservaron su idioma y sus nombres.

Más tarde nuestro pueblo ingresó a la Tierra de Israel, y allí su vitalidad, su creatividad y su expansión de la Palabra se potenció. Sin embargo, en los momentos en que la presencia en un mismo territorio no fue posible, la Palabra fue y es el contenedor de una experiencia llena de riqueza, vuelo y esplendor.

Iniciamos el presente ciclo lectivo en las escuelas y en las aulas, con alegría y entusiasmo.

La historia de Pésaj nos enseña a celebrar juntos nuestra conexión y nuestra presencia en un mismo lugar, con la comprensión de que ese lugar es verdaderamente compartido en todo el sentido del término, cuando está ungido por la Palabra Significativa, “territorio” fundamental de la experiencia judía.

¡Jag Saméaj!