Recordando el genocidio armenio, una de las mayores masacres del siglo XX y preludio del Holocausto

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Casi dos millones de armenios fueron asesinados en un plan deliberado y puesto en marcha por las autoridades turcas de entonces. Pese a todas las evidencias históricas y que el hecho fue una de las mayores masacres del siglo XX, Turquía sigue negando los hechos.

“Si nosotros callamos, ¿quién hablará?
Primo Levi, sobreviviente de Auschwitz

Hace seis años el mundo entero recordó el centenario del genocidio armenio. Conviene recordar que Turquía, al día de hoy, todavía no ha reconocido los trágicos hechos que se sucedieron entre 1915 y 1923 y sigue negando el genocidio.

Colocando velas a las víctimas en el 100 aniversario del genocidio (2015)

El 24 de abril de 1915 es el día que se considera que comenzó este genocidio organizado a gran escala, aunque las matanzas comenzaron unos años antes comenzaron a finales del siglo XIX. Las principales responsabilidades de estos  hechos recaen en el gobierno de los Jóvenes Turcos, que acabaron con el Imperio Otomano, y que eran liderados por el padre de la patria turca, Mustafá Kemal Atatürk. Uno de los grandes inspiradores del genocidio armenio, por no decir su ideólogo y estratega principal, fue Enver Pasha, un general frustrado que culpó de sus derrotas militares a manos de los rusos a los armenios.

Anciana armenia con foto de su hija asesinada (cartel en Yerevan)

Sin embargo, las primeras matanzas contra los armenios se produjeron durante el periodo de agonía y ocaso del Imperio Otomano, entre 1894 e incluso antes, según algunas fuentes, y 1915. La población armenia podía tener en aquella época entre 2,5 y 3,0 millones y estaba repartida por todo el territorio de lo que es la actual Turquía, pero especialmente en la zona fronteriza de este país con la actual Armenia. Esta región, actualmente el Kurdistán no reconocido por Ankara, es lo que se conoce como Armenia Oeste. En esta parte del mundo, casi inaccesible por la represión que ejerce el ejército turco sobre la minoría kurda y por el cierre de la frontera con Armenia, ya no quedan apenas armenios y los que quedan “turquizaron” sus nombres. La minoría armenia de Turquía en la actualidad no llegaría ni a los 50.000 miembros.

Colocando velas a las víctimas en el 100 aniversario del genocidio (2015)

De lo que un día fue un país armenio sólo quedan las ruinas, los viejos cementerios abandonados, muchos de ellos profanados, y las ruinas de las viejas iglesias y monasterios. Los turcos borraron toda huella de la cultura milenaria de los armenios. Mientras el mundo poco a poco ha ido reconociendo este genocidio como un episodio histórico tan solo comparable al Holocausto de los judíos durante el nazismo, Turquía hace lo niega y argumenta que los millones de armenios muertos lo fueron durante los conflictos que asolaron al territorio turco durante la primera gran contienda mundial.

Según las fuentes históricas, absolutamente rotundas y contundentes al efecto, murieron entre 1,5 y 2 millones de armenios. Muchos fueron asesinados vilmente; otros, salvajemente torturados, incluso quemados vivos, y una buena parte de esas víctimas anónimas también las ocasionaron las caravanas de la muerte en las que eran expulsados los armenios que vivían en territorio sirio. Aparte del maltrato dado por las autoridades y fuerzas de seguridad turcas, muchos armenios murieron a causa del hambre, las enfermedades, la sed, las epidemias y la extenuación después de andar centenares de kilómetros en condiciones extremas tras ser expulsados de sus ciudades, pueblos y aldeas. Las violaciones masivas de las mujeres armenias, incluso niñas y ancianas de avanzada edad, a manos de los soldados turcos estuvieron al orden del día.

El silencio de Turquía ante el genocidio armenio

Al día de hoy, pese a que todas las evidencias, fuentes diplomáticas y crónicas históricas corroboran este horror del que fue -seguramente- el primer genocidio de la historia, el Ejecutivo de Ankara sigue negando estos hechos, y Turquía, oficialmente, tampoco reconoce el genocidio. Pretende presentar a estas víctimas como fruto de los conflictos que se vivieron en el país durante y después de la Primera Guerra Mundial.

Sin embargo, decenas de países del mundo, entre los que destacan Argentina, Bélgica, Brasil, Grecia, Francia, Rusia, Holanda, Uruguay, Venezuela, Chipre, numerosos estados de los Estados Unidos, gobiernos regionales y locales de todo el planeta y muchos más en una lista interminable, han reconocido el genocidio armenio y estuvieron presentes en las ceremonias organizadas por Armenia, en el 2015, para rendir homenaje a las víctimas de esta gran matanza, que ya no se puede ocultar.

Clara responsabilidad de Turquía en el genocidio

La responsabilidad de las autoridades otomanas, y después turcas, en estos hechos no admite discusión. Las primeras persecuciones y ejecuciones masivas de armenios comenzaron en 1890 y tuvieron como máximo responsable al sultán Abdul Hamid II, presentado en la prensa europea de entonces como el “carnicero de los armenios”, y terminaron aproximadamente en 1923. Hamid II, uno de los últimos sultanes otomanos, es considerado por numerosas fuentes como uno de los mayores instigadores de las matanzas de los armenios y griegos, pese a estar casado, paradójicamente, con una armenia.

Vivían en Turquía unos tres millones de armenios y dos terceras partes habrían sido asesinadas en el genocidio; el resto, aproximadamente un millón de armenios, salieron del país para siempre y conformaron la gran diáspora armenia que conocemos hasta el día de hoy. Hay armenios en casi todas partes del mundo, pero las grandes comunidades, que mantienen con gran vigor la cultura, la lengua y la religión de este pueblo milenario, se encuentran ubicadas en Australia, Argentina, Bélgica, Estados Unidos, Francia, Canadá, Irán, Jordania, Líbano, Polonia, Siria, Brasil, Bulgaria, Grecia y Chipre, principalmente. La diáspora, a falta de unos datos oficiales que cuantifiquen a estas poblaciones, está compuesta, como mínimo, por seis millones de armenios, y podría llegar, según otras fuentes, a los diez millones.

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