Apostando por las energías alternativas

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(*)Por Bernardo Kliksberg

Un escenario amenazante

Hace 60 años que Estados Unidos viene intentando sancionar una ley pro ambiental. Se remonta a la presidencia de Lyndon Johnson. Sin embargo los intentos al respecto, tanto de Clinton como de su vicepresidente Gore, y la vigorosa ofensiva de Obama sobre la materia, no prosperaron.

En esas seis décadas el cambio climático siguió agudizándose. Los perjuicios fueron mayores y crecientes para el país y el mundo. Se agravaron las emisiones de gases sucios, el calentamiento global, los deshielos, el ascenso de los mares, los huracanes, las inundaciones, las sequías y los incendios de vastas extensiones boscosas. EE.UU es actualmente el responsable del 25% de los gases invernadero.

60 años de inacciones o actividades limitadas que se pagaron muy caro

Los datos recientes son muy alarmantes. Crecen las temperaturas extremas, las olas de calor, los océanos han sido declarados en emergencia por la ONU, el Ártico vital para el equilibrio climático global se ha recalentado más rápido de que se preveía. En las cuatro últimas décadas el calor fue 4 veces mayor que el promedio global. Groenlandia se está derritiendo aceleradamente. El Ártico está alterando los diferenciales de temperatura entre el Polo Norte y el Ecuador, y ello está afectando los ciclos de las tormentas y hasta la velocidad de los vientos en USA.

En Europa, los desequilibrios han llevado a las peores sequías en 500 años. Han bajado fuertemente su caudal ríos fundamentales como el Loira en Francia, el Po en Italia y el Rin en Alemania. Los daños son incontables para las cosechas, la energía, y múltiples necesidades básicas. En California, Texas, y otras zonas de USA, y Australia, se están produciendo mega incendios.

¿Por qué la inacción?

Según el Nobel Gore, los intereses económicos de la industria de combustibles fósiles y los incontables lobbies ligados a ellos lograron paralizar la acción legislativa pro-clima. Una de sus estrategias centrales fue la negación sistemática del cambio climático y sus consecuencias a través de grandes campañas de “mentiras y engaños”. Sus influencias funestas están bajando ante la experiencia agobiante del deterioro climático y el trabajo incansable de los defensores del medio ambiente como Greta y los millones de jóvenes que lidera.

Hoy el 60% del público americano apoya decididamente la intervención pública en defensa de la naturaleza.

La nueva Ley

Las crónicas dicen que algunos senadores lloraban cuando aprobaron la Ley que dispone, 800 billones de dólares, la mitad para proteger la salud de los sectores más débiles y la otra mitad para una amplísima cartera de proyectos ambientales. Muchos se centran en potenciar las energías limpias, como la solar, la eólica, la mareomotriz, y otras.

Según la Agencia Internacional de Energía, la solar es la más económica del mundo. La Ley contempla apoyos directos a esas industrias, reembolso a los vecinos que instalen techos solares, y la usen, asignaciones en I+D en energías alternativas.

Asimismo para financiar todo ello, un impuesto mínimo del 15% a las empresas que venden más un billón de dólares anuales, fondos para fortalecer el IRA, cerrar agujeros fiscales. También reembolsos a los compradores de autos eléctricos, y a la producción de baterías para ellos. En corto plazo su venta alcanzó el 13% de todo el mercado.

Se estima que la nueva Ley permitirá que EE.UU baje las emisiones sucias en un 40% para el 2030. En la misma línea está Europa, y la pionerizan países como Israel, líder mundial en energía solar, los nórdicos, los nuevos planes de Australia, y otros.

Es una carrera contra el tiempo. Gore, la ONU, el Papa, piden avanzar más rápido.

(*) Bernardo Kliksberg es asesor especial de diversos organismos internacionales.