La crisis del agua

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(*)Por Bernardo Kliksberg

El agua es vida. Es esencial para el desarrollo de la vida humana, para la agricultura, la industria, la generación de energía, los ecosistemas, la biodiversidad, y múltiples dimensiones.

Sin embargo se toma “como dada”, no se presta la atención debida a los riesgos que el cambio climático, y las prácticas contaminantes están creando en su disponibilidad.

Está descendiendo el stock mundial de agua potable, y aumentan las sequias. La ONU llamó la atención al respecto en un nuevo informe mundial sobre “El valor del agua”, donde profundiza sobre cómo evaluarla y construir mediciones apropiadas. El Foro de Davos ubica el agua desde el 2012 entre los cinco riesgos globales más acuciantes.

Tendencias inquietantes

Entre ellas la ONU denunció las siguientes:

  • La escasez de agua golpea al 40% de la población mundial.
  • La primera recomendación de la Organización Mundial de la Salud, ante la irrupción de la pandemia, fue que las personas debían lavar sus manos frecuentemente con agua y jabón. 1/3 no pudo hacerlo. Carecían de ello.
  • Hay 2.200 millones de personas que viven en países que tienen stress hídrico extremo. No hay agua para satisfacer las demandas básicas.
  • 2.000 millones de personas dependen de centros de salud que no cuentan con servicios básicos de agua segura.
  • 1.800 millones beben agua no protegida de la contaminación con heces fecales.
  • 4.500 millones no tienen instalaciones sanitarias adecuadas.
  • 290.000 niños menores de 5 años mueren anualmente por enfermedades diarreicas ligadas a la ingestión de agua contaminada, y las insuficiencias en instalaciones sanitarias.

De seguir estas tendencias, la ONU prevé que puede haber hasta el 2030, 700 millones que migren por la escasez de agua, que coloca en riesgo su vida y la de sus familias, y hace inviable la producción de los campesinos pobres.

En búsqueda de soluciones

La Asamblea General de la ONU aprobó en el 2010 al acceso universal a agua potable y saneamiento como un derecho humano. Fue precisado como tener de 50 a 100 litros de agua por persona por día, que la fuente del agua este no más lejos que 1.000 metros del hogar, y que su costo no represente más del 3% de los ingresos de la familia.

Ese derecho debe ser asegurado por las sociedades. Las escaseces presentes lo ponen en alto riesgo para muy amplios sectores. El acceso al agua debe ser revalorizado como lo reclama la ONU. El tema debe encabezar las políticas públicas y tener un lugar relevante en los planes de sustentabilidad de las empresas privadas. Subraya, por ejemplo, The Economist indicando su relegamiento que un 1/3 de grandes bancos no lo consideran entre los factores de riesgo que obligan a declarar a las empresas que les piden créditos.

Existen experiencias y desarrollos innovativos que pueden mejorar el acceso al agua. Así, por ejemplo, uno de los países más desérticos del orbe, Israel, ha logrado garantizarlo a toda su población. Chile, Egipto, y otros con severas penurias de agua están aplicando uno de los avances israelíes, la desalinización de las aguas del mar.

Hay experiencias exitosas que deberían ser impulsadas y potenciadas. Entre otras:

  • La recolección sistemática de las lluvias
  • El tratamiento y reciclado de las aguas usadas
  • El ahorro de agua
  • La generación de agua a partir de desechos
  • La extracción de agua del aire usando energía solar

La ONU dice que hay que multiplicar los progresos por lo menos diez veces hasta el 2030, en los países de bajo desarrollo en esta cuestión crucial. Ello exige redoblar la cooperación y la solidaridad internacional. Es una urgencia ética.

(*) Bernardo Kliksberg es asesor especial de diversos organismos internacionales.