La comunidad judía se prepara para recibir, este domingo, la celebración de Janucá, la llamada también “Fiesta de las luminarias”, que nos enseña que nuestra vida solo resplandecerá si nos involucramos con lo que sucede a nuestro alrededor, si enfrentamos los desafíos con fe y recordando que con un mínimo de luz podemos disipar toda la oscuridad.

Para destacar el especial significado de esta conmemoración que se extiende durante ocho días, compartimos el mensaje del Superior Rabinato de la República Argentina, expresado por el Rab Eliahu Hamra de AMIA, quien reflexionó sobre la importancia de la celebración.

“Estamos en las vísperas de Janucá, una festividad en la que encenderemos ocho velas, acumulando una por día, de izquierda a derecha, comenzando con la puesta del sol del próximo domingo.

Este encendido conmemora el milagro ocurrido en favor del pueblo de Israel entre los años 167 y 160 a.e.c, época durante la cual la monarquía Hasmonea se sobrepuso al gobierno heleno en la Tierra de Israel, luchando por sus derechos. Esta independencia nacional duró 130 años. La rebelión de los Hasmoneos fue debido a la persecución religiosa padecida por el pueblo de Israel, una de las primeras en la historia.

El pueblo de Israel innovó en el concepto por el cual el ser humano posee una grandeza dada por su permanente conexión entre el mundo material y el espiritual, razón por la cual sus acciones impactan e influyen tanto para el bien como para el mal en ambos mundos.

La cultura griega amó y valoró toda sabiduría, pero los decretos de Antíoco IV, que por ejemplo prohibían la observancia de Shabat y la circuncisión, era con el propósito de desconectar el vínculo entre el ser humano y su Creador.

La Menorá, el candelabro del Gran Templo de Jerusalem, tenía una vela que siempre permanecía encendida, denominada en hebreo ´Ner Tamid´, y cuyo significado es la permanente conexión entre el mundo terrenal y el celestial. Similarmente, en toda sinagoga, frente al  Arca Sagrada donde se guardan los Rollos de la Torá, siempre hay una luz encendida. Es por ello que los helenos especialmente accionaron también contra la Menorá.

Así, el encendido de la Janukiá, el candelabro que en verdad es la Menorá pero con una vela adicional, simboliza aquel candelabro vinculando al pueblo de Israel con el Creador.

Es por eso que el precepto de encender la Janukiá viene a iluminar, de forma creciente, y destacar aquella conexión permanente entre el mundo terrenal y espiritual, y por cuyo mérito en el cumplimiento de su encendido se iluminarán nuestras vidas con abundancia espiritual y bendiciones.

Mis deseos para toda la comunidad judía argentina por un Jánuca Sameaj, y que las luces de la Janukiá nos acompañe para todo el año.»