Experiencias ejemplares

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(*) Por Bernardo Kliksberg

El 50% de la población mundial está por debajo de la línea de la pobreza. Se requieren, como lo demanda la ONU, cambios drásticos en lo social.

Junto a ellos puede aportar mucho la organización de la misma población pobre. Hay experiencias ejemplares que lo muestran, como la de Kibera en Nairobi, Kenia, que relata el Premio Pulitzer Nicholas Kristof en The New York Times.

Se trata de una extendida villa miseria. Como en otras, sus habitantes viven sin instalaciones sanitarias, roban electricidad con conexiones clandestinas y la escolaridad es muy baja.

Un carismático e inteligente líder joven, nacido en la villa, llamado Kennedy, que aprendió a leer solo, y que se inspiró en la trayectoria de Nelson Mandela, creó con Jessica, una voluntaria de una universidad americana, una organización de base para luchar por el mejoramiento de la comunidad “Luces de esperanza” (SHOFCO). Ambos reclutaron un grupo creciente, y comenzaron a generar emprendimientos transformadores buscando todo tipo de apoyos.

Uno de ellos fue la apertura de una escuela para niñas pobres, con potencialidades. Un 20% de las niñas seleccionadas habían sido violadas. El trabajo educativo intensivo rindió frutos, y el desempeño escolar de las niñas fue excelente. Muchas están estudiando ahora en universidades del país y de Estados Unidos.

Los vecinos de Kibera fueron descubriendo su capital social, la posibilidad de lograr metas trabajando juntos. Surgieron mejoras en múltiples aspectos. Kristof refiere que el modelo fue replicado en diversas barriadas marginales de Kenia.

SHOFCO tiene actualmente 2 millones de miembros. Es una de las asociaciones de base más grandes de toda África. Provee agua potable, fundó una cooperativa de crédito, prepara a sus integrantes para el desarrollo de pequeñas empresas, instaló bibliotecas populares, y puestos para usar internet, tiene a su cargo la implementación de programas de salud pública.

La administración pública descubrió que muchas iniciativas, que le es difícil implementar porque los pobres desconfían de ella, son viables a través de SHOFCO, porque confían en esta ONG de humildes. Ha asumido muchísimas responsabilidades, que incluyen también una vigorosa campaña contra la violencia sexual. Ejecuta programas de prevención del cáncer cervical común en África, y otras enfermedades de los pobres, en los que aplica las metodologías más avanzadas recomendadas por la OMS. Ha convertido a su base en un actor respetado y escuchado por los líderes políticos. Presiona continuamente a los Gobiernos centrales y locales para que ayuden con nuevos servicios a las áreas marginales.

Uno de los productos más positivos de la experiencia es que sus protagonistas han ganado autoestima y confianza en sus capacidades para cambiar juntos aspectos de su situación.

Hay experiencias similares en otras latitudes. Existen en numerosos países de América Latina. Una inspiradora, premiada internacionalmente es Villa El Salvador en el Perú, fue laureada con el Premio Príncipe de Asturias. 30.000 pobres ocuparon un arenal desierto en las afueras de Lima, se organizaron colectivamente, crearon en primer lugar escuelas, y poco a poco con su trabajo una extensa infraestructura. Son hoy un municipio autogestionario que atrajo a miles y miles, cambiando su vida de pobreza extrema en pobreza digna, y pequeña clase media.

En Guatemala hay una ONG ejemplar integrada solo por indígenas, es elegida con frecuencia para la implementación de proyectos de cooperación de la ONU, porque es muy respetada por los indígenas, y ha mostrado la más alta efectividad.

En Israel se han llevado a cabo esfuerzos de consideración para potenciar las comunidades marginadas. Entre ellos, se está tratando de entregar formación informática en ellas que pueda mejorar su empleabilidad. El Banco Central ha recomendado especialmente invertir en educación temprana en general y especialmente reforzarla en los sectores más vulnerables. El voluntariado está muy presente en actividades de apoyo a las comunidades relegadas.

Es imprescindible hoy un nuevo contrato social entre Estado, empresa privada y sociedad civil, que reduzca la multitudinaria pobreza, y reduzca desigualdad. El ejemplo Kibera indica que junto a él, los humildes pueden recuperar esperanza, movilizando comunitariamente su capital social.

(*) Bernardo Kliksberg es asesor especial de diversos organismos internacionales.