La comunidad judía recibe Shavuot, una de las festividades más importantes del calendario hebreo

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La celebración de Shavuot, que comienza hoy, con la salida de las primeras estrellas, y finaliza el sábado 27 de mayo, es una de las festividades más importantes del calendario hebreo, en la que se evoca que el pueblo judío recibió la Torá y las Mitzvot (normas y obligaciones) al pie del Monte Sinaí, hace más de 3.300 años.

En ocasión de esta conmemoración, el Superior Rabinato de la República Argentina emitió un mensaje, expresado por el Rab Eliahu Hamra de AMIA y dirigido a toda la comunidad, en el que se destaca la importancia de honrar “la unidad y la conexión con la Torá”.

“Nos encontramos en vísperas de los días de Shavuot, en los que evocamos la revelación de Dios a los israelitas en el Monte Sinaí hace más de tres mil trescientos años.

La ocasión histórica de la entrega de la Torá estuvo precedida por el mandato de Dios a Moisés, de informar a los israelitas que se les propondría el pacto de los Diez Mandamientos, y por los ‘tres días de restricción’ (de preparación y santificación) que comenzaron inmediatamente al día siguiente de este anuncio, en preparación para la entrega de la Torá.

En el momento de este anuncio, se le dijo al pueblo de Israel: ‘Y vosotros seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa’ [Éxodo 19:6]. Esta sentencia es la base de nuestra religión nacional en la que la esencia judía y nuestros deberes y derechos religiosos se heredan de padres a hijos hasta el día de hoy.

Cuando la Torá describe el acuerdo del pueblo con el plan divino y la observancia de los mandamientos de Dios, dice: ‘Y todo el pueblo respondió junto y dijo: ‘Todo lo que Dios ha dicho, haremos’. (Éxodo:19-8).

La Torá establece que la aceptación del pacto con Dios se realiza en forma ‘Yajdav’, juntos, unidos.

Incluso antes del anuncio de Moisés, cuando el pueblo acampó frente al monte Sinaí, la Torá enfatiza la unión con que lo hizo: ‘Y acampó allí Israel, frente al monte’, que es interpretado por los Sabios: ‘Acampó’ en singular, es decir, como un solo hombre, con un solo corazón.

De estas fuentes aprendemos que la preparación que fue requerida para recibir la Torá fue precisamente la cohesión y unión. Y ello no es sólo un hecho histórico, sino un mensaje significativo para todas las generaciones, que la unidad verdadera puede nutrir la vida del pueblo solo sobre la base de la Torá que nos fue dada en Sinaí.

El pueblo judío tiene la particularidad de que personas que viven en distintas tierras, que hablan distintas lenguas, y que tienen culturas diversas, de todos modos se consideran como miembros de un mismo pueblo. Esta identidad judía se deriva del alma especial que nos legaron nuestros ancestros, y del pacto que se concertó a los pies del monte Sinaí al recibir la Torá.

En ese momento sublime, que evocamos en Shavuot, nuestra identidad judía se transformó en nuestra esencia interior y ya no está sujeta a cambio: somos judíos no por lo que pensamos, decimos o hacemos, sino por nuestra esencia como pueblo de Dios.

Ser judíos nos compromete con ciertos valores y conductas, así como la esencia humana compromete a las personas a comportarse como tales, pero el grado en que ello se verifica en la realidad no modifica la esencia misma. Por el contrario, cuando una persona se comporta como un animal, no decimos que deja de ser persona, sino lo enjuiciamos justamente porque aun comportándose así, no deja de ser humano.

De esta manera, debemos enfocar el concepto de ‘judío’. La judeidad es una esencia interior que describe al hombre mismo. Quien nace judío o se convierte según la Halajá, estará conectado eternamente al pacto que concertaron nuestros antepasados en Sinaí, pues su esencia es ser parte de ‘un reino de sacerdotes y una nación santa’. Por ello, la Torá siempre clama al hombre para que retorne a ella, pues el judío en cualquier situación sigue en vínculo con la Torá.

Este es el evento trascendental y grandioso que sucedió en Sinaí, y que celebramos en Shavuot: un pacto eterno entre el pueblo de Israel y el Creador, incluyendo a todos los integrantes del pueblo en todas las generaciones. Este pacto es el fundamento de nuestra alma y de nuestra unidad, y cada año en Shavuot vuelve en toda su contundencia la energía de lo sucedido ese gran día, en el que nuestro pueblo acampaba en unidad plena a los pies del monte Sinaí.

Esta unidad y la conexión con la Torá no es una cuestión solamente del pueblo judío, sino un anhelo universal para toda la humanidad, como expresaron los profetas Isaías y Miqueas en su visión sobre los días del futuro, en que todos los pueblos fluirán hacia el monte del Eterno, ‘para que nos enseñe Sus caminos y podamos trasitar Sus sendas, pues de Sión saldrá la Torá y la palabra de Dios de Jerusalem’ (Isaías 2 y Miqueas 4)”.