La persistencia de la violencia de género

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(*) Por Bernardo Kliksberg

La violencia contra la mujer continúa. En Irán hay una ola de envenenamiento de niñas en edad escolar. Todo se inició con la desaparición de una joven de 21 años, a la que la policía de la moralidad arrestó y asesinó, por un mínimo detalle en el velo que llevaba. Allí se inició una gran rebelión de las jóvenes iraníes que salieron a las calles a protestar. Amplios sectores de la sociedad se manifestaron junto a ellas. En lugar de rectificaciones o disculpas, la respuesta fue la represión en gran escala por parte de la policía del régimen, y el arresto de muchas. El odio hacia los intentos de mejorar la condición de la mujer siguió con los envenenamientos continuos en escuelas para niñas.

En la frontera entre México y Estados Unidos, llegan miles de inmigrantes buscando sobrevivir, en muchos casos amenazados de muerte por las maras de diversos países centroamericanos que les exigen integrarse a ellas o la pena de asesinarlos. Son amontonados en instalaciones ultra precarias, como esa que ardió en fuego recientemente, causando la muerte de 40 víctimas que no pudieron escapar porque los guardias no abrieron las puertas. En esas inhumanas condiciones, los traficantes y otros depravados aprovechan la situación para violar a las niñas y jóvenes. Actualmente, las autoridades les entregan a las niñas mayores de 9 años pastillas anticonceptivas.

Siguen los altos porcentajes de femicidios y violaciones en el mundo. Según ONU Mujeres, el 37% las mujeres, entre 15 y 49 años, que viven en países menos desarrollados, han sido objeto de violencia física y/o sexual. En América Latina el 30% de las mujeres fue violada. En España se estima que el 50% sufrió un intento de violación. Solo el 8% de las atacadas lo ha denunciado. La gran mayoría tiene miedo de que ello pueda generar represalias por parte de sus actuales o ex parejas, que puedan culminar en homicidio.

Pese a nuevas leyes reforzantes de los castigos a la violencia doméstica, algunos jueces emitieron fallos considerando que si hay violencia la mujer, debe haber tenido una cuota de provocación en los episodios. Una nueva doctrina avanzada por el Ministerio de la Igualdad en España, enfatiza frente a estos jueces machistoides, que el tema central debe ser el del consentimiento. Si no lo hubo, todo es simplemente pasar por encima de los derechos humanos de la mujer.

Junto a la violencia, siguen en pie discriminaciones múltiples. En un país donde la mujer creyó que podía aspirar a ir a la escuela y a la libertad, como Afganistán, el regreso de los talibanes las volvió al medioevo de las restricciones extremas, excluyéndolas del sistema educacional.

Malala, Premio Nobel de la Paz, que recibió 18 proyectiles a los 15 años y sobrevivió milagrosamente, sigue recorriendo países exigiendo el derecho de las niñas a estudiar, siempre bajo amenaza de asesinato.

La discriminación digital

Junto a las violencias abiertas y femicidios, ha surgido una nueva que se está dando en el mundo digital. Las redes sociales son una oportunidad en gran escala para las mafias de pornografía, y de las bandas que buscan raptar jóvenes pobres para la trata de mujeres. A ese crimen organizado, se suma la utilización de los medios digitales para practicar la misoginia, el odio hacia la mujer, degradarla y descalificarla. Se agrega a ello el bullying contra niñas que ha llevado a suicidios.

Israel, los países nórdicos y otros tecnologizados, han sido pioneros en proteger digitalmente a las mujeres.

Hay progresos en discriminaciones laborales, pero son lentos. Se está muy lejos de que el lema “Ni una más sea asesinada o violada” se transforme en realidad. Se impone convertirlo en hecho cuanto antes.

(*) Bernardo Kliksberg es asesor especial de diversos organismos internacionales.