Nota de opinión

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Inteligencia artificial, el gran debate

(*) Por Bernardo Kliksberg

El 22 de noviembre de 2022, OpenAI lanzó ChatGPT. Fue gran noticia mundial, y alcanzó en pocos meses a 100 millones de usuarios.

La inteligencia artificial (IA) generativa, está creciendo exponencialmente. Sus aplicaciones aumentan a diario. Comenzó dando respuestas a todo orden de preguntas y búsqueda de información, con mucha más efectividad que los buscadores más empleados. Su base de datos aumenta explosivamente. En muchas áreas dispone ya de toda la información existente. Tendrá acceso a nuevas montañas de información cuando se perfeccione la computación cuántica.

Israel es líder mundial en esta área. Asombró al género humano satisfaciendo pedidos para escribir artículos, después libros, crear imágenes, y hacer investigaciones de gran complejidad.

Así por ejemplo, países como Israel la utilizaron exitosamente para enfrentar la pandemia. Es capaz de cumplir las instrucciones más inverosímiles. Es sin duda uno de los mayores descubrimientos tecnológicos de la historia. Promete mejoras fenomenales en la medicina, las ingenierías, la economía, la productividad, el desarrollo, y todo orden de ciencias.

Sin embargo, junto a los festejos bien fundados por su advenimiento, ha creado un fuertísimo debate. El reconocimiento universal de sus potencialidades está conviviendo con preocupaciones muy agudas.

¿Qué sucederá con los empleos?

El primer problema en debate es que la IA no solo acumula la más inmensa masa de información jamás atesorada, sino que aprende, es una máquina de aprender, y crea pensamiento nuevo. Está haciendo factible reemplazar a buena parte de los trabajos rutinarios presentes. Diversos estudios proyectan que sus robots cibernéticos lo harán mucho mejor y más barato.

Así, en poco tiempo no tendrán sentidos las cajeras y gran parte del personal de las grandes cadenas de tiendas, numerosos de los obreros de línea de las industrias, y muchos puestos en el sector de servicios. Los robots tienen grandes ventajas: trabajan sin pausa alguna, no se enferman, no forman sindicatos, y no piden aumentos de sueldos. Hay muchos incentivos para utilizarlos.

¿Qué se hará con los desocupados?

La respuesta simple es que habrá nuevos empleos en IA, pero las proyecciones parecen indicar que los puestos perdidos serán muchos más que los creados. Uno de los más agudos analistas del futuro, Yuval Harari, parte de esta realidad y plantea que se cree la renta básica universal para financiar a los desempleados. Pero las resistencias de los grandes intereses económicos a esta solución pueden ser muy fuertes.

Los peligros del hackeo

El hackeo informático es un hecho repetido. Están operando organizaciones criminales muy sofisticadas en este campo, como por ejemplo la que robó el paquete informático de una parte del gobierno de Costa Rica, o la que paralizó las farmacias en toda la Argentina recientemente.

Esas organizaciones cobran rescates para devolver el funcionamiento. Armados con IA se harán aún mucho más peligrosas. Lo mismo sucederá con las mafias que infiltran los medios sociales inventando conspiraciones y noticias falsas, imágenes apócrifas para manipular elecciones y dominar las opiniones del gran público.

La IA pensando

El padre de la IA Geoffrey Hinton renunció hace poco a su altísimo cargo en Google. Explicó que estaba muy entusiasmado con su creación, pero que le habían entrado serias dudas sobre hasta dónde podía llegar la IA si no iba a terminar como futuriza Harari por ser más capaz que las personas y tratar de imponerles sus propios proyectos. Dejó Google para estar libre de denunciar los riesgos.

¿Hay salida?

Debe aprovecharse plenamente los progresos tecnológicos que la IA puede aportar, pero también escuchar atentamente a Sam Altman, el creador de OpenAI. El Senado de USA lo interpeló como lo había hecho con Google, Twitter y Facebook para criticarlos por dejar entrar a “demonios” en las redes.

Sorprendió a los senadores al decirles “yo vengo a exigirles que nos regulen detalladamente, fijen límites éticos y protecciones al interés público cuanto antes”.

(*) Bernardo Kliksberg es asesor especial de diversos organismos internacionales.