El domingo comienza Iom Kipur, el día más sagrado del calendario hebreo

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 Dirigiéndose a toda la comunidad y a la sociedad en su conjunto, el rabino Eliahu Hamra, del Superior Rabinato de la República Argentina difundió un mensaje, en la víspera de Iom Kipur.

“Iom Kipur es el día en el que se completa el juicio del hombre y del mundo para el próximo año, y en el que se sella su veredicto. Gracias a la inmensa santidad de esta fecha, se logra la expiación de las transgresiones que cometemos los seres humanos, siempre que aceptemos la santidad del día mediante el ayuno, la oración y el arrepentimiento.

Al igual que en las otras festividades judías, su fuente se encuentra en la Torá, en el Libro de Levítico, capítulo 23. Los versículos 27-32 se refieren a Iom Kipur (recordemos que en la cuenta de la Torá, en el mes de Tishrei en el que conmemoramos el Día del Perdón, es el séptimo mes):

‘Pero el día diez de este séptimo mes será para vosotros el Día del Perdón, día de convocación sagrada, y afligiréis vuestras almas’.

¿Por qué ayunamos?

Iom Kipur es el único día del año en que el precepto de ayunar está explícitamente establecido en la Torá.

El ayuno no tiene solamente el propósito de expiar las malas acciones. Tiene, además, otro significado: es en Iom Kipur cuando el judaísmo, en su faceta más pura e íntima, se revela en cada judío. Es por eso que es necesario que nos desconectemos completamente del mundo material. Comer y beber, necesidades básicas del ser humano, nos perturban en el momento en que el alma emerge y se revela hacia el mundo exterior y se expresa en su esencia. Por eso en este día sagrado ayunamos, nos desconectamos del mundo material, nos vestimos de blanco y nos parecemos a los ángeles.

¿De qué manera se produce la expiación en Iom Kipur?

Acerca del Día del Perdón se dice, que ‘es la propia esencia del día la que expía’. Es decir, que el día de Iom Kipur tiene por sí mismo el poder de expiar.

Durante el año sucede que las personas cometemos transgresiones. Manchamos nuestras almas con impureza, y esas manchas efectivamente necesitan ser limpiadas y reparadas. Pero la verdad es que las manchas y defectos son sólo externos. En su interior, todo judío es bueno y justo. En la intimidad de su alma, es puro y consagrado. Su instinto es quien lo hizo transgredir, en contra de su verdadero e interno deseo.

Esta verdad interior suele estar oculta y no revelada. Sin embargo, en Iom Kipur las capas exteriores se desprenden y el alma interior se revela en todo su esplendor. Dios se acerca a nosotros en este día sagrado y Su cercanía despierta a nuestras almas para eliminar todas las capas externas y revelar su verdadera esencia.

¡Entonces resulta que en realidad no hay transgresiones! Esencialmente, un judío por dentro es un diamante brillante, a cuya esencia ninguna transgresión puede dañar. ¡Es en Iom Kipur cuando se revela nuestra verdadera esencia como judíos!

Sin embargo, esta revelación, que en realidad no tiene transgresiones, está condicionada a la observancia del ayuno de Iom Kipur. Si, Dios no lo quiera, se rompe el ayuno, ´el acusador no puede ser defensor’. Al romper el ayuno, el día de Iom Kipur se convierte en un acusador, y por lo tanto ya no puede defender, ni expiar.

Es quizá por esta razón que la gran mayoría del pueblo judío cuida la observancia del ayuno de Iom Kipur, tal como lo prescribe la Halajá (Ley Judía).

Si bien, como dijimos, Iom Kipur en sí mismo tiene un poder de expiación, éste último no alcanza automáticamente a las transgresiones entre una persona y su prójimo, por las cuales no es suficiente orar en la Sinagoga. Debemos acercarnos a la persona a quien hemos dañado y pedirle perdón. Si le hemos causado un perjuicio económico, debemos repararlo.

En cambio, en el caso de las transgresiones entre una persona y su Creador, el arrepentimiento, la oración, la confesión y el ayuno de Iom Kipur, propician la expiación plena”.