Amos Linetzky, presidente de AMIA: “No somos los mismos”

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“No somos los mismos hoy que hace 30 días. Transcurrió un mes. No es mucho. Pero somos distintos. Somos personas diferentes. No podemos ser los mismos después de haber sido testigos de hasta dónde el odio puede llevar a que se cometan atrocidades inimaginables e imposibles de describir.”

Estas fueron algunas de las definiciones que brindó el presidente de AMIA, Amos Linetzky, en el discurso que pronunció, en el acto realizado en la sede de la institución, al haberse cumplido un mes de la matanza perpetrada por el grupo terrorista Hamas.

A continuación, compartimos el mensaje completo del titular de AMIA:

“Quiero iniciar este mensaje, con una sensación inequívoca que es compartida –me atrevo a decir– por todos quienes estamos hoy aquí presentes, y que se puede resumir en cuatro palabras puntuales: “NO SOMOS LOS MISMOS”.

No somos los mismos hoy que hace 30 días.

Transcurrió un mes. No es mucho. Pero somos distintos. Somos personas diferentes.

No podemos ser los mismos después de haber sido testigos de hasta dónde el odio puede llevar a que se cometan atrocidades inimaginables e imposibles de describir.

No somos los mismos cuando nos enteramos de que un bebé de 9 meses fue secuestrado; cuando hombres y mujeres fueron decapitados;

No somos los mismos cuando escuchamos la historia de Noya Dan, la nena israelí de 12 años, con autismo, y admiradora del personaje de Harry Potter, que fue encontrada muerta, junto con su abuela Carmela, de 80 años.

Días antes, cuando no se sabía aún si habían sido secuestradas, la madre de la niña había compartido el último y estremecedor mensaje que le había enviado su hija, mientras estaba escondida en la casa de su abuela, en Nir Oz. “Mamá, hubo un gran estruendo en la puerta que me asustó”; “Todas las ventanas de la casa de la abuela estaban rotas en la entrada. Mami… tengo miedo”.

No somos los mismos cuando nos enteramos de las palabras que pronunció una madre enferma, cuyo hijo fue asesinado en la masacre: “Mataron a mi hijo, pero al menos yo tengo cáncer y moriré pronto. No tendré que sentir lo que siento, nunca más”.

No somos los mismos cuando nos invade un pensamiento atormentador: Los terroristas secuestraron un número particularmente importante de mujeres jóvenes. Intentamos no pensar por qué, pero no podemos.

El nivel de odio y crueldad que desplegó Hamas sobre el sur de Israel es incomprensible. Inadmisible.

Pero, no solo en esos días debimos enfrentarnos a la faceta más oscura del terrorismo y su accionar asesino, sino que también nos quedamos atónitos al escuchar a extremistas dentro de nuestro propio país, que no solo no condenaron la masacre, sino que intentaron esbozar alguna justificación.

Sectores de la prensa incluso se toman el atrevimiento de atacar y condenar a Israel basándose en los relatos falsos de una organización terrorista.

¿Creerán que una organización que no tiene problemas en masacrar bebés, secuestrar ancianos, y matar personas mientras duermen no miente?
¿Le creerán a Hamas?

¿Por qué no se oyen más voces de condena? ¿Por qué asistimos a la cobardía de quienes, en otros momentos, parecían defender nuestros mismos valores y principios?

No nos confundamos: los grupos terroristas no son enemigos solamente del pueblo judío o del Estado de Israel. Son enemigos acérrimos de todos los países y pueblos que aman la democracia, el respeto a los derechos humanos, la libertad de expresión, los derechos de las minorías, y las libertades religiosas. Son enemigos de la vida. Son enemigos de la paz.

De todas las distorsiones que observamos en muchas coberturas periodísticas, lo que más dolió fue, sin dudas, la equidistancia.

Quien no condena este progrom lo está justificando. No hay grises. Callar es un acto pusilánime. Es un insulto a las víctimas, incluyendo a las propias víctimas palestinas de Hamas, por supuesto.

Las amenazas de nuestros enemigos no es lo único que nos ha causado sufrimiento. NOS DUELE EL SILENCIO DE NUESTROS AMIGOS.

No entendemos el silencio de tantas organizaciones de defensa de los Derechos Humanos. Tampoco el silencio de organizaciones que supuestamente defendían el derecho humanitario y deberían preocuparse por la situación de los rehenes. ¿Dónde están los rehenes? ¿Como están? ¿Se respetan sus derechos?

¿Por qué no reclaman abiertamente y sin rodeos por la aparición con vida de los rehenes que hoy siguen secuestrados?

¿Hay desaparecidos o secuestrados por quienes no vale la pena reclamar?

¿Los rehenes judíos, los secuestrados judíos no cuentan? ¿Sus derechos humanos no valen?

¿Dónde está el espíritu de lucha y reclamo que supuestamente tenían? ¿Por qué no exigen por el paradero de los más de 200 rehenes en manos del Hamas? Cada día cuenta y el silencio nos aturde.

La hipocresía, el antisemitismo -disfrazado de antisionismo- y la canallada, repugnan y decepciona. Me disculparán, pero no encuentro otra manera de decirlo.

Es necesario recordar –hoy más que nunca – las sabias palabras que Primo Levi volcó en su obra “Si esto es un hombre”. Consultado sobre el desconocimiento de los alemanes sobre el Holocausto, dijo lo siguiente:

“En la Alemania de Hitler, se había difundido una singular forma de urbanidad: quien sabía no hablaba, quien no sabía no preguntaba, quien preguntaba no obtenía respuesta. De esta manera, el ciudadano alemán típico conquistaba y defendía su ignorancia, que le parecía suficiente justificación de su adhesión al nazismo: Cerrando el pico, los ojos y las orejas, se construía la ilusión de no estar al corriente de nada, y por consiguiente de no ser cómplice de todo lo que ocurría ante su puerta…… Saber, y hacer saber, era un modo (quizás no tan peligroso) de tomar distancia con respecto al nazismo; pienso que el pueblo alemán, globalmente, no ha hecho uso de ello y, de esta deliberada omisión lo considero plenamente responsable”.

Hoy, en los términos de Primo Levy, tampoco se puede aplicar la distancia y la tibieza. No son tiempos para callar. “Nunca más” también es hoy. No hay espacio para la silenciosa complicidad disfrazada de ignorancia. La condena debe ser enérgica y unánime.

Con acciones como la que hoy estamos compartiendo, en cada instancia pública que está a nuestro alcance, elevemos el reclamo por la inmediata liberación de todas las personas que se encuentran secuestradas, dentro de las cuales más de 20 tienen ciudadanía argentina. Queremos que vuelvan sanos y salvos a sus hogares. Los estamos esperando.

POR FAVOR AYUDENNOS A AMPLIFICAR ESTE RECLAMO. LOS NECESITAMOS.

En el judaísmo, la palabra “Izkor” (Recordarás) es un imperativo irrenunciable.

Por eso, por ejemplo entre centenares de ejemplos que podemos mencionar, en el museo de Yad Ba Shem se preocupan por recuperar los nombres de los asesinados en la Shoá.

Todos los nombres permanecen exhibidos. Se han identificado a millones y millones de víctimas fatales del Holocausto, pero se sigue investigando para identificar todos los nombres. Cada nombre cuenta.

Por eso escribimos los 85 nombres en la entrada de este edificio, que el 18 de julio de 1994 fue blanco del terrorismo de Hezbollah. Y los nombres de las víctimas al atentado a la embajada de Israel.

Dijo el escritor Hernest Hemingway: “Toda persona tiene dos muertes, una cuando es sepultada y deja físicamente este mundo y, otra,  la última vez que alguien dice su nombre. De alguna manera, si se las recuerda, las personas pueden ser inmortales”.

En este acto, a un mes de la masacre de Hamas, estamos haciendo honor a esa premisa, porque en este lugar seguiremos nombrando y recordando en forma permanente a todas las personas, cuyas vidas fueron diezmadas por el accionar terrorista.

Comencé este mensaje diciendo que no somos los mismos, y la verdad que no.

Los atentados perpetrados en Israel el 7 de octubre pasado nos transformaron… Más que nunca, el espanto por lo sucedido nos unió, pero también nos une el amor por Israel.

La crueldad sin límites desplegada por el terrorismo se contrapone a la solidaridad que surge de nuestros corazones. Este acto es una muestra de ello.

El reclamo de los familiares de los muertos en la AMIA, que hemos compartido hace un momento. Los gestos de ayuda mutua, los rezos que se realizan en cada sinagoga alrededor del mundo; las plegarias y los actos en las escuelas para pedir por la vuelta a casa de las personas secuestradas, las colectas de donaciones para enviar alimentos, recursos y todo tipo de ayuda a Israel, forman parte de la larga lista de respuestas humanitarias que se pueden dar ante tanto horror.

No somos los mismos, es verdad. Ahora, nuestro amor a Israel es mayor incluso de lo que lo que era antes.

Ahora, somos distintos. Es verdad. Defendemos con más vigor que nunca nuestras creencias. Amarás a tu Prójimo como a ti mismo. También aquellos derechos que con tanto esfuerzo supimos conseguir en la Argentina, como los derechos humanos, el Estado de Derecho, la paz, la vida…. Y eso, frente al terror, nos hace mejores.

Gracias a todos por estar hoy presentes aquí en AMIA”.