Nota de opinión: Sobre el Premio Nobel de Economía

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(*) Por Bernardo Kliksberg

Según el presidente de Israel, Isaac Herzog, el 7 de octubre ha sido el peor asesinato de civiles judíos después del Holocausto nazi. Los terroristas de Hamas mataron con la máxima crueldad a 1.300 judíos indefensos, hirieron a varios miles y secuestraron a 240. Luego estalló una ola antisemita internacional, que está afectando especialmente a las universidades, y obligó a los estudiantes y profesores judíos a tomar precauciones inéditas.

En ese contexto adquiere un significado trascendental el otorgamiento del Premio Nobel de Economía 2023 a una economista judía que ha dedicado su vida a luchar contra uno de los estigmas más oprobiosos que pesa sobre el mundo, las agudas discriminaciones de género. Es un aporte más a la larga lucha del pueblo judío por ayudar a redimirlo.

El Premio Nobel de Economía 2023 envía un mensaje potente, obliga a volver a tomar conciencia sobre la situación de la mujer en nuestro tiempo. Fue otorgado por la Academia a Claudia Goldin, y se convirtió así en la tercera mujer que recibe este premio. Han sido distinguidos con él 91 hombres. Así que el mismo premio habla de por sí del relegamiento de las mujeres.

El galardón le fue concedido por su excepcional obra y sus muy importantes contribuciones a la investigación y análisis de la condición de la mujer en Estados Unidos. Tal como lo señaló otro Premio Nobel de Economía, Paul Krugman, “nada más justo que elegir a Goldin para esta distinción”.

Claudia Goldin nació en 1946, fue también la primera mujer en ser designada profesora vitalicia en Harvard. Muestra en sus trabajos como la mujer fue sistemáticamente objeto de discriminación múltiple en los mercados del trabajo durante el último siglo. La fuerza de trabajo femenina significó hasta los setenta un porcentaje mucho menor a la masculina. Sus puestos eran de línea subpagados y se la postergaba sistemáticamente en las promociones. Era como si hubiera nacido con inferioridades congénitas, a pesar de su escolaridad cada vez más destacada y su ascenso veloz en estudios universitarios.

Goldin enfatiza que muchas mujeres se consideraban a sí mismas como destinadas a trabajos menores. Esos mitos fueron quebrándose. La mujer ingresó masivamente en la mano de obra. Fue peleando ardorosamente por sus derechos laborales y mostrando calidades del más alto nivel. Goldin verifica en sus estudios que las diferencias estaban basadas en otros elementos distintos que su formación y capacidades. Entre ellos explica está la maternidad y su condición de hallarse a cargo de la economía del cuidado.

Los jefes dice prefieren a los empleados que están siempre presentes en la oficina. Las mujeres deben pedir licencia pre y post parto. Muchas empresas en numerosos países las descartan por eso, o les ponen fuertes trabas. Señala que algunas sociedades en cambio apoyan y respaldan a las mujeres para que puedan a dar a luz en buenas condiciones y puedan preservar sus trabajos. Así algunos países como los nórdicos, otorgan licencias totalmente pagas de más de un año de duración para madres, y licencias muy extendidas y mandatorias para sus maridos, para que puedan compartir con ellas las responsabilidades familiares. Es el caso también de estados benefactores con prolongadas licencias por parto, como por ejemplo Francia, Inglaterra, Alemania, España y Canadá.

Las discriminaciones continúan

Con progresos importantes como ilustran los estudios de Goldin y otros, falta muchísimo. El Foro de Davos, en su informe anual sobre la mujer, resaltó que al lentísimo ritmo actual, ganará lo mismo a igual trabajo que los hombres, dentro de 250 años. Además, diversos estudios muestran que siguen siendo una minoría pequeña en la alta gerencia, aún en los países más desarrollados.

En la pandemia muchas más mujeres que hombres perdieron sus puestos de trabajo. Las ultraderechas que hoy están tomando poder apoyadas por feroces demagogias y llamados al racismo, al odio al inmigrante, y al antisemitismo, practican el desprecio, el machismo, y la violencia contra la mujer. Así entre otras, en la dictadura de los ayatolas en Irán se ha reprimido salvajemente a las protestas femeninas masivas contra los asesinatos de jóvenes por la llamada policía de la moralidad por descuidos ínfimos en las normas sobre su velo. En Afganistán los talibanes prohíben a las mujeres estudiar.

En cambio, en países como Israel, el desarrollo permanente de la mujer es una de las causas públicas con más apoyo, tiene récords de mujeres en responsabilidades públicas, empresariales y civiles prominentes y lanzó amplios planes de potenciamiento de su formación e inserción.

El Nobel a Goldin es un vibrante llamado a parar cuanto antes las intolerables discriminaciones multifacéticas que llevan finalmente, como lo resaltó otro Premio Nobel de Economía, Amartya Sen, a la subutilización de las cuantiosas capacidades de las mujeres.

(*) Bernardo Kliksberg es asesor especial de diversos organismos internacionales.