Nota de opinión: Desinformación, ¿cómo enfrentarla?

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(*) Por Bernardo Kliksberg

La explosión del conocimiento

Las revoluciones en ciencia y tecnología, los excepcionales avances en comunicación, informática, robótica, genética, computación cuántica, nanotecnología e inteligencia artificial (IA), han creado masas de datos sin precedentes e instrumentos para manejarlos. Son progresos sin parangón, pero grupos codiciosos y sin escrúpulos los están usando también para la desinformación.

La Unión Europea terminó de producir el primer sistema legal para controlar la IA. Microsoft, gran inversora en IA, es considerada la empresa que vale más actualmente en la bolsa de Wall Street. Su presidente ha señalado que los dos mayores cambios tecnológicos en la historia de la humanidad han sido la imprenta de Gutenberg, que modificó todo, y la IA generativa que está alterando aceleradamente el presente y el futuro.

Una nueva empresa de IA lanzada recientemente a los mercados “Nvidia” está batiendo todos los récords de demanda.

Algunas expresiones de la desinformación

  • El hackeo por grupos criminales de bases de datos de empresas e instituciones públicas para cobrar rescates.
  • La negación del cambio climático en favor de los grandes conglomerados de combustible fósiles para que puedan seguir generando energía sucia.
  • Las campañas de difamación en medios sociales de las energías limpias.
  • El cubrimiento de la gravedad del problema del hambre. Hay 825 millones con hambre extrema y de 2.400 con mala nutrición.
  • La minimización de los impactos regresivos de las grandes desigualdades en ascenso acelerado.
  • La propagación en redes sociales de falsedades favorecedoras de dictaduras de ultraderecha.
  • La diseminación de conspiraciones inexistentes para reemplazar a la raza blanca por parte de los supremacistas blancos y otros grupos neonazis.
  • La creación de falsa información para fomentar el antisemitismo, el racismo y los prejuicios de género.
  • El uso de las redes por las mafias de la droga.
  • Su empleo por bandas pornográficas.
  • Los ataques contra la democracia empleando calumnias, imágenes apócrifas, copiando identidades.
  • La propagandisación de antihéroes y mercenarios exitosos.
  • Las campañas contra las vacunas y la promoción de alimentos “basura”.

Un caso ejemplar

El pequeño Israel ha apostado muy temprano y muy fuerte por el conocimiento científico tecnológico, y alcanzó uno de los mayores porcentajes internacionales sobre el producto bruto. Le dedica el doble que las grandes potencias. Ello lo ha llevado a la delantera en IA, y ha conseguido resultados que son referencia en áreas críticas como epidemiologia, medicina preventiva, lucha contra el coronavirus, vacunación de niños, mortalidad infantil y materna, y otras.

¿Qué hacer?

La desinformación según Naciones Unidas, el Foro de Davos, y la OECD, es fomentadora de una acción depredadora contra la naturaleza, la biosfera, la preservación del agua limpia, el aire descontaminado, y la fecundidad de la tierra, e incentiva la corrupción. La movilizan intereses económicos concentrados.

Pueden enfrentarse con políticas públicas inteligentes y pro-gente, empresas privadas socialmente y ecológicamente responsables, sociedades civiles participativas y educación y predica continua a favor de los valores éticos. También con más y mejor democracia.

Una investigación en 167 países de The Economist sobre la democracia hoy, resalta que tres países latinoamericanos están entre las mejores: Uruguay en el puesto 14, Costa Rica en el 17 y Chile en el 25.

Es posible reducir la desinformación, pero urge actuar.

(*) Bernardo Kliksberg es asesor especial de diversos organismos internacionales.