Amos Linetzky: “Esta inauguración es el resultado del esfuerzo y compromiso de quienes decidieron hacer”

272

En el discurso que pronunció en la inauguración de las salas velatorias de la calle Loyola, el presidente de AMIA, Amos Linetzky, destacó el gran trabajo realizado para poder contar hoy con un edificio moderno y sustentable para dar el último adiós a los seres queridos, en un ámbito de recogimiento, paz y respeto a la tradición judía.

“Gracias a todos los que perseveraron y, con determinación, avanzaron con este emprendimiento, del cual toda la comunidad se va a beneficiar”, aseguró el titular de la entidad en el acto de apertura de la renovada sede.

Aquí, el mensaje completo del presidente de AMIA:

“Buenos días a todos.

Pensaba cuánto desearía poder conversar con los inmigrantes que llegaron hace 130 años a la Argentina, con sueños de prosperidad, de unión, de continuidad. Con deseos de empezar de nuevo en estas tierras, pero continuando con su tradición milenaria. Atrás quedarían la Rusia zarista, Polonia, Lituania, Hungría, Rumania, Alemania, entre otros, con sus pogroms, hambrunas y guerras.

Se juntaron en 1894 para atender una necesidad urgente e imperiosa: Kever Israel, el entierro de nuestros seres queridos de acuerdo a lo establecido en la Halajá, la ley judía. Hicieron el primer cementerio comunitario, pero estaban también –sin darse cuenta o dándose cuenta- colocando el primer ladrillo para la creación de la AMIA.

Me gustaría contarles cómo se abrieron las puertas, en 1945, de nuestra histórica casa en la calle Pasteur 633. Cómo unos años después, en 1948, se decidió comprar esta propiedad. Algo anecdótico: Hemos encontrado las actas de una reunión de Comisión Directiva de ese año, en la cual el señor Lerner, presidente de AMIA en aquel momento, pedía la palabra y decía que la institución tiene que tener una  cochería propia.

Me gustaría contarles a ellos, y a quienes los siguieron, que su trabajo no se limitó solamente a esta necesidad imperiosa de Kever Israel, sino que formaron una institución marco para toda la comunidad judía, y brindada a toda la sociedad. Hoy en día un emblema en la sociedad civil argentina. Una historia maravillosa de desarrollo en proyectos sociales, culturales, educativos, artísticos, trabajos con jóvenes, trabajo con comunidades del interior,  Rabinato,  servicio de empleo, etc.

Y aquí estamos. Somos, cada uno de nosotros, continuadores. Continuadores de aquellos inmigrantes pioneros que abrieron el camino, y que tuvieron una visión para sentar las bases de la comunidad judía en nuestro país.

A ellos y a su legado, también, estamos honrando hoy.

Celebramos, este año, 130 años de ese comienzo. Cerramos, de alguna forma, un círculo inaugurando este espacio que tanto la comunidad judía necesitaba.

Por la ley propia de la vida, estamos ahora en uno de los edificios más visitados de la comunidad. No sólo por las aproximadamente 1.200 familias que, anualmente, eligen la institución para brindarle Kever Israel a sus seres queridos, sino por las miles y miles de personas, amigos y conocidos que se acercan a acompañarlos.

La comunidad judía merecía tener, en nuestra ciudad, un espacio de estas características. Confortable, luminoso, amplio, con la incorporación de criterios arquitectónicos modernos y sustentables, los que resaltan a la vista, como podrán observar.

Como podrán observar cuando hagamos el recorrido, en la planta alta tenemos tres salas velatorias con salones amplios y cómodos espacios de circulación, diseñados para brindar un ambiente de paz, intimidad y recogimiento a las personas, en un momento tan delicado, en un momento tan duro. Todo con estricto cumplimiento de la Halajá.

Aquí quiero hacer una pausa, y testimoniar el esfuerzo que se ha hecho para cumplir con todos los requerimientos, con todos los detalles, la mikve, los tamaños, la camilla, las mortajas, los traslados a Israel, todo se hace para tratar de satisfacer a todas la opiniones. La verdad es que ha hecho un esfuerzo inmenso.

Esta inauguración es el resultado del esfuerzo, la dedicación y el compromiso de quienes decidieron hacer. Porque, en definitiva, quienes marcan la diferencia son, justamente, aquellos que hacen, hacen y siguen haciendo, y no se dejan vencer ante el primer obstáculo. Perseveran y no se dejan llevar por esos enemigos internos que todos tenemos, el miedo, las burlas, los rechazos, las críticas…

Gracias a todos los que perseveraron y con determinación avanzaron con este emprendimiento, del cual toda la comunidad se va a beneficiar. Tenemos la suerte de que muchos de ellos nos estén acompañando hoy. Colegas de Comisión Directiva, compañeros de comisiones anteriores, miembros del staff profesional, voluntarios, estudio de arquitectos, proveedores, dirigentes de otras instituciones, funcionarios públicos y tantos más.

Nombrar a cada uno sería muy extenso y, seguramente, me llevaría a cometer el error de olvidarme, involuntariamente, de alguien.

Y no quiero caer en esa injusticia. Solamente decirles GRACIAS con el corazón. Por cada minuto dedicado, por la vocación, por el profesionalismo, por ese orgullo de ser parte.

El judaísmo destaca la importancia y el valor del “Jesed”, que puede traducirse como dar, entregarse. El intérprete Rashi hace referencia al concepto aún más elevado, el “Jesed VeEmet”, Jesed de verdad, es aquel acto de entrega, de dar, pero cuando se realiza para alguien ya fallecido, porque es una acción de entrega pura y verdadera que no espera absolutamente nada a cambio. Ese precepto es el que nos reúne hoy aquí a todos.

El Jesed de dar. De escuchar. De estar cuando el otro lo necesita. Sabemos que el cuerpo tiene un alma, que está escondida, una Neshamá. Un alma, que no se ve, pero está. La AMIA también tiene una Neshamá y es el Jesed VeEmet que hacen todos los días aquí en esta casa, todos los que trabajan a diario, y tal vez no es tan conocido lo que hacen, pero que reciben con dedicación y esmero a todos los deudos, que realizan los lavados rituales con profesionalismo, de acuerdo a la Halajá.

Lo que hacen es infinito. Es meritorio hasta lo inimaginable.  Que Hashem los bendiga por cada segundo de Jesed VeEmet que hacen. Este jesed realizado con la convicción de que no hay tiempo para esperar cuando se trata de ayudar.

Esta casa nos recuerda que somos finitos. Que estamos de paso por este mundo y que debemos aprovechar cada segundo para ayudar. Para hacer. Como lo hicieron nuestros antepasados hace 130 años. Como lo hacen ustedes a diario.

Hace un tiempo escuché una historia muy linda, para terminar, que quiero compartirla.

Un empresario muy exitoso, de enorme fortuna, iba a realizar un viaje con la intención de conocer personalmente al Jafetz Jaim. Uno de los mayores sabios que nuestra historia haya conocido.

Al llegar al pueblo, le dijeron en la comunidad que el gran sabio no estaba recibiendo gente. El empresario insistió, insistió, y finalmente lo dejaron. Tomó un  pequeño bolso y se dirigió al lugar. Al ingresar, se sorprendió por la austeridad que encontró, una habitación muy chica, simple, sin el más mínimo detalle de confort. Lo ve al Jaftz Jaim por la rendija del cuarto. Lo ve al sabio, estudiando, como quien no quiere perder ni un segundo de su estudio de Torah, ni siquiera para tomar un vaso de agua. Entra, conversan unos minutos, y se animó, y en un momento, le pregunta:

“Gran Rabino, disculpe que le pregunte, pero ¿cómo puede ser que alguien tan importante, como usted, viva y trabaje así, en un lugar tan chiquito, tan humilde?”

El Jafetz Jaim lo miró a los ojos y le respondió: “Usted tampoco tiene casi nada, apenas tiene un  bolso”.

“No, no”, lo interrumpió el empresario. “Eso es porque yo, aquí, estoy de paso”.

“Yo también estoy de paso por aquí”, le dijo Gran Rabino. “Todos lo estamos. Y lo único que verdaderamente importa es qué hacemos con ese tiempo limitado que tenemos. Si nos dedicamos a  buscar honra, aplausos, figurar, deseos materiales, o nos dedicamos a hacer mitzvot, a hacer acciones de bien, que son las únicas acciones que le dan sentido a nuestro paso por este mundo, son las únicas que perduran.

Hoy es un día especial en el que sentimos un inmenso orgullo de una etapa cumplida. Un logro compartido por quienes lo imaginaron, lo soñaron, lo proyectaron, lo comenzaron y lo finalizaron. Un legado para la comunidad en su conjunto. 130 años. Somos continuadores de una historia maravillosa.

Sigamos construyendo juntos la comunidad que nos merecemos.

Muchas gracias a todos.”