Nota de opinión sobre la educación en América Latina

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Educación, la mayor prioridad

(*) Por Bernardo Kliksberg

La nueva prueba de PISA

La educación es en el siglo XXI uno de los bienes más preciados del género humano. Es el siglo del conocimiento, la ciencia y la tecnología. La calidad de los recursos humanos de un país es más determinante en su posibilidad de progreso que los recursos de cualquier otra índole.

Finlandia, un país carente de recursos naturales, es uno de los más evolucionados del mundo porque es líder en educación. Entre los estudios más utilizados se haya la prueba de PISA. Patrocinada por la OECD, analiza trianualmente qué saben los jóvenes de 15 años de matemática, lectura y ciencias.

América Latina es un continente muy rico en recursos naturales. Tiene la tercera parte de las aguas limpias del planeta, una naturaleza pródiga con un gran potencial de producción agropecuario, agroindustrial, minera y de materias primas de nueva generación como el litio, el cobalto y el níquel, fundamentales para producir autos eléctricos. Sin embargo, la economía de la región crece muy poco o está estancada y las cifras de pobreza aumentan. Un tercio de la población es pobre y en varios de los países lo es el 50%.

Un problema estructural son las agudas desigualdades. El 10% de las personas tienen el 78% del producto bruto, y el 50% solo el 1%. Las brechas de ingreso traban de múltiples maneras el desarrollo.

Las disparidades en educación son una de las razones de las desigualdades y de su retraso relativo. Según la prueba de PISA 2022, cuyos resultados terminan de publicarse, tres de cada cuatro jóvenes latinoamericanos no manejan los conocimientos básicos de matemáticas, y uno de cada dos tiene un bajo nivel de comprensión lectora. Menor aún a las anteriores, es el porcentaje de los que son competentes en ciencia. Son cifras muy pobres que a su interior muestran grandes distancias.

Son muy distintos los promedios educativos de las áreas ricas de Monterrey o Buenos Aires, a las de las comunas humildes en ambas ciudades. Con solo unas cuadras de diferencia, se baja totalmente la escolaridad alcanzada. Son muy escasos los recursos con que cuentan las escuelas públicas respecto a los que tienen las escuelas privadas.

En PISA 2022, se animaron a anotarse 14 países latinoamericanos. La inversión por alumno en la OECD triplicó la de dichos países. A este panorama crítico se han sumado los impactos de la pandemia sobre la labor de las escuelas. Aumentaron fuertemente la repetición y la deserción. Se perdieron muchos años de escolaridad y se empobreció el contenido de la enseñanza, los salarios reales de los maestros y las posibilidades para su capacitación.

La educación vive actualmente una gran crisis. Los recortes a las asignaciones educativas, incluidos en las políticas económicas ortodoxas aplicados en varios países de la región, y la crisis socioeconómica han arrinconado a la escuela. También le han impedido hacer uso cabal de los avances en digitalización.

La experiencia israelí

Israel, un país semi desértico apostó muy fuerte por la educación, y le dio resultados. Invierte en educación pública el 7,4% del producto bruto. En el 2007 5,3%. Su inversión es una de las mayores a nivel internacional, supera actualmente a la de Francia 5,2%, Japón 3,3%, Canadá 4,1% y España 4,6%. Tiene una de las más altas tasas de graduados en educación secundaria.

Sus principales universidades se hayan entre las mejores del mundo. Ha creado un potente sistema científico tecnológico, y es líder en startups. Su mayor exportación el conocimiento. Es una referencia imprescindible para los países que aspiran a desarrollarse con base en la educación.

Defender la educación

En América Latina se debe rejerarquizar la educación antes que se cree un abismo definitivo entre los que tienen acceso a una de calidad y las mayorías que no la tienen.

PISA recomienda crear oportunidades más flexibles para los jóvenes de los estratos humildes, digitalizar y agregar instrumentos técnicos. La ciudadanía exige mejorar la carrera y la remuneración de los docentes. Las políticas públicas, las empresas privadas y la sociedad civil, deben aumentar los montos destinados a las escuelas.

Es paradójico que mientras las empresas más prósperas están introduciendo el gran instrumento de cambio del futuro, la inteligencia artificial, gran parte del sistema educativo de América Latina está a años luz de ella. Apremia apurar el paso.

(*) Bernardo Kliksberg es asesor especial de diversos organismos internacionales.