En el Consulado Argentino en Nueva York, se inauguró la muestra “Re Memoria – Retratos de vida”

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Con la presencia de autoridades de la institución, y ante una importante concurrencia, quedó inaugurada, ayer, en el Consulado Argentino en Nueva York, la muestra del artista Marcos Acosta, “Re Memoria – Retratos de vida”, en el marco de las conmemoraciones por el 30° aniversario del ataque terrorista a la AMIA.

La exposición consta de 85 retratos realizados en acuarela, que son el resultado de imágenes de archivo y fotografías seleccionadas especialmente por las familias de las víctimas fatales para la creación de las obras.

La emotiva apertura de la muestra contó con el mensaje especial que se compartió desde Washington por video, del embajador de Argentina en los Estados Unidos, Gerardo Werthein, y con las palabras del cónsul general de Argentina en Nueva York, Pablo Piñeiro Aramburu; el presidente de AMIA, Amos Linetzky; el director de Arte y Producción de AMIA, Elio Kapszuk; el artista Marcos Acosta, y Gabriel Fail hijo de Esther Raquel Klin, una de las 85 víctimas fatales del atentado del 18J.

En la apertura también estuvieron presentes el director ejecutivo de AMIA, Daniel Pomerantz; representantes de una nutrida presencia del Consejo del Joint, entre los que se encontraba el director para América Latina Sergio Widder, referentes de la comunidad judía local y autoridades diplomáticas. También se hicieron presentes representantes de la enviada especial de Estados Unidos para el Monitoreo y Combate del Antisemitismo, Deborah Lipstadt.

La iniciativa artística, que quedó ayer formalmente inaugurada en Nueva York, forma parte del conjunto de acciones que la institución lleva adelante de manera constante desde hace 30 años para acompañar y visibilizar el pedido de justicia y denunciar la impunidad vigente en la causa.

RE MEMORIA – RETRATOS DE VIDA

La muestra que, cuenta con el apoyo de la Dirección de Asuntos Culturales de Cancillería argentina, se encarga de rendir homenaje a cada una de las personas asesinadas en el atentado del lunes 18 de julio de 1994, fue realizada en el año 2020, cuando el artista fue convocado por la AMIA.

En plena pandemia, la muestra tuvo, primero, su correlato digital en el sitio “Re Memoria – Retratos de vida”. Como si se entrase a la sala de un museo, se propuso un recorrido virtual, retrato por retrato, para poder contemplar cada una de las 85 acuarelas allí exhibidas.

“La memoria de las 85 víctimas y el reclamo permanente de justicia es una de las misiones de nuestra institución que tuvo que adoptar en julio de 1994. Muchas veces también lo hacemos desde el arte en el entendimiento de que es una muy buena forma de comunicación con nuevos públicos. El terrorismo desgraciadamente no tiene fronteras y la permanente lucha por recordación y justicia tampoco, por eso hemos promovido que llevar esta muestra tenga un derrotero internacional.”, sostuvo Amos Linetzky presidente de la AMIA.

La muestra contó con la curaduría y la producción general de Elio Kapszuk, director del departamento de Arte y Producción de AMIA, quien explicó que los 85 retratos están basados en un importante trabajo de recolección de imágenes que se realizó para aportarle al artista material para los retratos.

El objetivo de este proyecto artístico fue volver a darle nitidez a esos rostros. En este sentido, Kapszuk recordó que la idea original de esta iniciativa surgió cuando un familiar le confesó que a veces la memoria le jugaba una mala pasada, y que al igual que una fotografía vieja, el rostro de su ser querido se le iba desvaneciendo.

“A veces, la memoria y el recuerdo son inalterables, pero no pasa lo mismo con las fotos familiares. En pocos casos se conservan los negativos y las copias en papel dan cuenta del paso del tiempo. Ahí es donde se empieza a construir este ejercicio de la memoria plástica: volver sobre una imagen y traerla al presente a través de la reescritura del rostro y de la reafirmación de los rasgos a partir de cada pincelada”, remarcó el director de Arte y Producción.

Para Marcos Acosta, la obra realizada superó la mera dimensión artística. “Este trabajo es, sin duda, algo muy importante en mi vida. Va más allá de mi carrera. Pintar a cada una de las víctimas ha sido un viaje muy profundo en el aspecto humano. Para mí ha sido un orgullo y un honor”, reconoció el artista.

Cada una de las acuarelas creadas por Acosta lleva el nombre de la víctima y la edad que tenía en el momento en que fue asesinada.

“Con cada retrato realizado, Marcos Acosta se acercaba a la posibilidad de desgranar el trabajo mecánico de una cámara de fotos que capturó un instante, e incluirlo dentro de su mundo creativo. Se fue dando cuenta de que necesitaba incorporar todo el conocimiento posible sobre lo sucedido en 1994. A la vez, se le hizo imprescindible leer la historia de cada una de las víctimas, imaginarse cómo habrían sido sus vidas si no las hubiesen asesinado hace 30 años, e incluso preguntarse cómo se verían físicamente en la actualidad”, precisó Kapszuk sobre el proceso creativo del artista.

En su experiencia de trabajo para AMIA, el artista –recuerda el curador– “se enojó con frecuencia por la calidad de ciertas fotografías, que no le permitían llegar a la esencia del rostro, lo que le parecía un acto de injusticia. Inventó modos y formas para rescatar cualquier línea de expresión que pudiera ayudarnos a imaginar y recordar”.