Análisis del impacto de la pandemia en los hogares atendidos por AMIA

Con el objetivo de profesionalizar aún más la tarea social que se realiza, y poder contar con información estadística confiable para diseñar nuevos proyectos, el área de Programas Sociales de AMIA y el Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la UCA, continúan realizando una tarea conjunta de análisis de las condiciones de vida de la población atendida por el Servicio Social de la institución.

En este marco, el martes 16 de mayo, presentaron el último informe que elaboraron en conjunto para dar cuenta, desde un enfoque multidimensional, de lo sucedido durante el primer año de la pandemia en los hogares que recibieron asistencia por parte de AMIA.

Para el estudio, que cuenta con autoría del investigador Juan Ignacio Bonfiglio, y la coordinación a cargo de Agustín Salvia, director del ODSA, se analizó a la población en tres grupos diferenciados: hogares con menores de 18 años, hogares sin menores de 18 años, y hogares conformados solo por personas de 60 años y más. Y se trabajó sobre la base de cinco dimensiones: la vivienda, el acceso a la salud, la educación, el empleo y la seguridad alimentaria para la población analizada.

El relevamiento de los datos estuvo a cargo del equipo de Programas Sociales de AMIA, quien también se ocupó de realizar entrevistas cualitativas para profundizar la investigación social efectuada.

En la presentación, la directora del área de Programas Sociales de la institución, Fanny Kohon, ponderó la importancia de este tipo de estudios para “entender, monitorear y atender de manera específica y direccionada a la población asistida por la institución. A su vez, contar con información confiable nos permitió lograr financiamiento para llevar adelante nuevas iniciativas y fortalecer los programas de protección, y nos permitió también presentarnos en congresos internacionales de renombre para contar nuestra experiencia de trabajo social, durante la pandemia.”

Entre enero y marzo de 2020, antes de la pandemia por COVID-19, ya se había realizado un relevamiento de 700 hogares atendidos por el Servicio Social y luego una actualización de 600 hogares entre febrero y mayo de 2021, transcurrido un año de la emergencia sanitaria.

“De esta forma, nos fue posible comparar cómo impactó la crisis desencadenada por la pandemia en sus condiciones de vida y acceso a derechos”, señaló la directora de Programas Sociales de AMIA.

CONCLUSIONES DEL INFORME

Del informe se desprende claramente que, por la fuerte crisis generada a causa de la emergencia sanitaria, en los tres tipos de hogares analizados se incrementó la pobreza y la indigencia; es decir, que todos los grupos etarios estudiados empeoraron sus condiciones de vida, las cuales se hubieran agravado aún más si no se hubieran recibido asistencia directa o transferencias por parte de AMIA o del Estado.

“Los hogares con niños son los que han sido los más vulnerables a la pobreza en términos relativos, porque en ellos hay menos personas que generan ingreso en el hogar, y en muchos casos también los ingresos tienen a ser más bajos”, explicó Juan Ignacio Bonfiglio. “La población mayor fue la que menos impacto sufrió en relación con los hogares con hijos”, agregó.

Si bien al analizar la situación socioeconómica y desde un enfoque multidimensional se observa que los hogares de personas mayores tienen comparativamente mejores condiciones de vida que el resto de la población atendida, “es importante considerar que desde una mirada más integral este grupo registró durante la pandemia una creciente fragilizaciónpsico-física y vio debilitada significativamente su integración familiar, social y comunitaria”, se señala en el informe.

“Es por ello, que desde AMIA se desarrolló una estrategia de acompañamiento enfocada en reducir el impacto que el COVID-19 tuvo sobre las condiciones de vida de esta población y promover nuevas formas de socialización”, sostuvo Fanny Kohon. “A su vez, para el resto de la población se desarrollaron estrategias diferencias tendientes a mejorar ingresos para cubrir sus necesidades básicas, proteger su inclusión comunitaria y promover el acceso a derechos.”

EN SUS PROPIAS PALABRAS

Ante la situación inicial de aislamiento preventivo de la población general, y de las personas mayores en particular, por ser el grupo de mayor riesgo, el área de Programas Sociales adaptó rápidamente las modalidades de trabajo para seguir dando respuesta a las nuevas demandas que emergieron.

Este cambio se refleja en los diversos testimonios que se relevaron entre las personas entrevistadas, y que formó parte del estudio cualitativo:

“Me han dado la atención debida como un ser humano.” “En AMIA una encuentra mucha contención.”  “Es extraordinaria la manera en que están organizados, me emocioné muchísimo, porque una cosa es verlo, y otra cosa es necesitarlo y darte cuenta que hay una institución que brinda ayuda y solidaridad.”

Durante el período analizado se registró un aumento significativo de pedidos de contención y asistencia integral, especialmente de personas mayores que se encontraban solas, y que requerían asistencia para realizar tareas de la vida cotidiana. También se registró una creciente fragilización de las personas mayores y de la población con problemas de salud mental.

En este contexto, se buscó fortalecer el acompañamiento a través de los equipos del Servicio Social, del Centro Integral de Personas Mayores, y del programa de voluntariado Lebaker, que capacitó a más de cien personas para brindar contención a las personas mayores más vulnerables. Los testimonios recogidos dan cuenta de la importancia de este acompañamiento.

“Para mis amigas, un video o participar de un llamado, llenaba su día. No las dejaba sentirse solas. A mí me siguen mandando un cuento semanal, es un audio, para que yo escuche y me relaje. A mí me parece que eso ayuda. Fue fundamental.”

Además, se reconvirtió la prestación alimentaria del comedor de la sede de la calle Uriburu en un servicio de viandas domiciliarias, que se entregó durante toda la pandemia a más de 300 personas mayores y se amplió la cobertura y el monto de la tarjeta alimentariaLos destinatarios valoraron esta asistencia, como lo reflejan las siguientes expresiones:

“Con la pandemia me ayudaron bastante, porque me acercaban la comida, fue una ayuda para mi bastante buena. Me la acercaban con un remise, me equilibró mucho mi parte del dinero y fue importante no tener que salir a hacer compras.”

TRABAJO CONJUNTO

AMIA y el Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) emprendieron, en 2019, un trabajo de colaboración, con el objetivo de realizar procedimientos que permitan el aprovechamiento de los registros de la Nueva Historia Social (NHS) como herramienta de análisis para dar cuenta de las condiciones de vida de la población atendida por el Servicio Social de la institución.

De esta forma, se diseñó una herramienta que permite contar con información sistemática e integrada de una multiplicidad de factores con un enfoque multidimensional de la pobreza, como insumo para el diseño, monitoreo y evaluación de los servicios y prestaciones sociales de AMIA.

También te puede interesar